
Columna de opinión para elnoticiario.com.co
Hay una frase atribuida a Jorge Eliécer Gaitán que conserva plena vigencia: “El que sentencia una causa sin oír la parte opuesta, aunque sentencie lo justo, es injusta esa sentencia”.
Esa idea debería acompañar siempre la opinión pública, especialmente en tiempos en los que una imagen, un video corto o una interpretación apresurada pueden convertirse en sentencia definitiva contra una persona.
En días recientes circuló un video en el que se observa a Antonella Petro, hija del presidente Gustavo Petro, pidiéndole una foto a James Rodríguez. En la grabación, James parece seguir de largo y no atender la solicitud en ese momento. La escena, vista de manera aislada, fue interpretada por algunos como si el jugador la hubiera ignorado deliberadamente. Para otros, la situación fue leída desde el terreno político, precisamente porque se trataba de la hija del jefe de Estado y líder más visible de la izquierda colombiana.
Ahí empieza el verdadero problema.

Una cosa es exigir humanidad a las figuras públicas, y otra muy distinta es olvidar la humanidad de aquel a quien se juzga. Un video parcial no siempre cuenta toda la historia. Una imagen puede mostrar un instante, pero no necesariamente revela el contexto, el ruido, la intención, el momento ni lo que realmente ocurrió alrededor.
James Rodríguez respondió. Agradeció el apoyo, explicó que todo tenía su momento, aceptó tomarse la fotografía con Antonella y ofreció incluso su camiseta. También dejó entender que, si no escuchó con claridad, pudieron haberle hablado más fuerte. Su respuesta cambió el sentido de la escena: lo que algunos habían presentado como desprecio terminó teniendo una explicación menos grave y mucho más humana.
Por eso, antes de convertir un episodio incompleto en una condena moral, lo mínimo era escuchar todas las partes.
James no es solamente un futbolista famoso.

Es un jugador que ha vestido con honor la camiseta de la Selección Colombia, que ha representado al país en escenarios mundiales, que ha dado alegrías inmensas y que goza del respeto de millones de colombianos. Eso no lo hace inmune a la crítica, pero sí exige que cualquier juicio sobre su conducta se haga con responsabilidad.
La imparcialidad no consiste en escribir bonito sobre una emoción. La imparcialidad exige mirar completo. Exige contrastar. Exige reconocer que una verdad contada a medias puede producir una injusticia completa.
Colombia ya tiene demasiadas discusiones contaminadas por el sesgo. Demasiadas conversaciones donde primero se mira el apellido, la filiación o la cercanía política, y solo después se mira a la persona. Cuando eso ocurre, los hechos pasan a un segundo plano y la interpretación termina ocupando el lugar de la verdad.
Por eso, antes de juzgar…
Hay que escuchar. Antes de señalar, hay que verificar. Antes de convertir una percepción en sentencia, hay que recaudar toda la información.
Porque cuando el juicio nace de información incompleta, quien olvida mirar no siempre es el ídolo.
A veces, quien olvida mirar es quien opina.
Instagram: dariodazab
¿Y tú que piensas?
Escríbenos a contacto@elnoticiario.com.co
WhatsApp 3053085051