En la Biblia encontramos la historia de Jefté, un personaje poco conocido, pero que ejemplifica de manera tajante que lo que empieza mal no siempre termina mal.
El inicio de Jefté no fue malo; fue pésimo

Jefté era un valiente guerrero de la región de Galaad. Era hijo de una prostituta y de un hombre llamado Galaad. Como la esposa legítima de Galaad le había dado otros hijos, cuando estos crecieron, echaron de la casa a Jefté y le dijeron que no heredaría nada de su padre, por ser hijo de otra mujer.
Entonces, Jefté huyó de sus hermanos y se fue a vivir a la región de Tob, donde reunió una banda de desalmados que, junto con él, salían a hacer correrías. (Jueces 11:1-3 DHH).
Hijo de una prostituta, nacido de un adulterio, rechazado por sus hermanos y, para colmo, jefe de una banda de maleantes (guerrillero, paramilitar, cuatrero, ladrón, etc.).
Pero, como está escrito que Dios escoge a lo vil y menospreciado para avergonzar a lo sabio (1 Corintios 1:27), aquellos que alguna vez lo echaron a la calle fueron los mismos que le mandaron a decir: “Ven y sé nuestro jefe. Necesitamos que nos ayudes a combatir contra los amonitas”.
Palabras más, palabras menos: “queremos que seas nuestro presidente”, y lo fue por seis años. ¡Ja! Eso sí es un giro de 180 grados.

Quizás tu inicio no fue bueno, y sabes lo que es comenzar sin padres, ya sea porque murieron o te abandonaron. Talvez conoces de cerca lo que significa iniciar en la miseria y hasta la mendicidad. Quizás sabes de primera mano cuánto cuesta iniciar después de ser violado(a).
Pero hoy traigo buenas noticias: puede que ese haya sido tu inicio, mas no tu fin. Si confías en Dios, te aseguro que aquellos que te dañaron vendrán a decirte: “Necesito que me ayudes”.
Es allí, justamente allí, cuando tendrás la oportunidad de impactar una vida, sacudir un pueblo, influenciar una nación y transformar el mundo.
La redención y el propósito

La vida de Jefté es un recordatorio poderoso de que el potencial de un individuo no está limitado por su origen ni por las injusticias que haya sufrido. El rechazo inicial que lo llevó a asociarse con “desalmados” terminó preparándolo, paradójicamente, para el liderazgo que su pueblo, más tarde, desesperadamente necesitaría. Su destreza militar, forjada en la adversidad, fue la herramienta que Dios usaría para redimir su historia.
Esta narrativa bíblica nos invita a cambiar la perspectiva sobre nuestras propias heridas. Lo que parecen ser obstáculos insuperables o marcas de deshonra pueden, en manos de la fe y la perseverancia, convertirse en las credenciales más fuertes para cumplir un propósito mayor. La historia de Jefté nos enseña que el camino hacia la grandeza a menudo comienza en el fango, pero es la decisión de levantarse y servir lo que sella un destino de impacto.
Entonces, tu fin no será como tus inicios, convirtiéndote en un testimonio vivo de que, de la mano de Dios, aquello que empezó mal puede terminar muy bien.
Artículo por Ósmel Córdoba Mejía
Instagram: @osmel.cordoba
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