Por: Andrea Margarita Vega M. Las enfermedades de autoinmunidad —comunes, silenciosas y a menudo invisibles— afectan la vida laboral de miles de personas. ¿Qué dicen la ciencia y la ley para proteger a quienes las padecen? Un repaso con datos reales, testimonios y un llamado urgente a la empatía.
El sistema inmune o de autoinmunidad: guardián y a veces traidor

El sistema inmunológico actúa como el escudo natural del cuerpo: reconoce virus, bacterias y agentes extraños, y los combate. Pero cuando se confunde y ataca los tejidos sanos, se convierte en un enemigo interno. Así nacen las enfermedades autoinmunes, padecimientos donde el cuerpo se agrede a sí mismo.
Investigaciones recientes (Nature, 2024) confirman que este fenómeno tiene un origen multifactorial: predisposición genética, desequilibrios hormonales y factores ambientales como infecciones, estrés o exposición solar excesiva.
Enfermedades autoinmunes: silenciosas pero comunes
Entre las más frecuentes se encuentran el lupus eritematoso sistémico, la artritis reumatoide y psoriásica, la esclerosis múltiple, la diabetes tipo 1, la tiroiditis autoinmune y la enfermedad celíaca.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades autoinmunes afectan entre el 5 % y el 10 % de la población mundial, con una clara mayoría femenina. Su impacto no sólo es físico: también se refleja en la salud mental, la estabilidad económica y la vida laboral.
Autoinmunidad y trabajo en Colombia: una lucha silenciosa

En Colombia, se estima que el lupus afecta a unas 92 personas por cada 100.000 habitantes, la mayoría mujeres jóvenes. Los síntomas —fatiga extrema, dolor, rigidez articular o brotes inflamatorios— pueden interferir gravemente con las exigencias laborales.
Aun así, muchos pacientes continúan trabajando, no por fortaleza, sino por necesidad. En un país donde el acceso a medicamentos y tratamientos depende en gran parte de la seguridad social, perder el trabajo significa perder la salud.
Protección legal en Colombia: derechos sobre el papel
El país cuenta con un marco legal que promete inclusión, aunque en la práctica aún queda mucho camino por recorrer:
La ley 1618 de 2013: garantiza la inclusión y los derechos de las personas con discapacidad, exigiendo ajustes razonables en el entorno laboral.
Ley 361 de 1997: prohíbe la discriminación y promueve la integración social y laboral.
Ley 1562 de 2012: regula la salud ocupacional y la prevención de riesgos laborales.
Una persona con enfermedad autoinmune puede ser considerada en condición de discapacidad si la patología limita sustancialmente su desempeño o su vida diaria, accediendo así a estabilidad laboral reforzada y adaptaciones como horarios flexibles, teletrabajo o pausas activas.
Cómo lo hacen otros países: la autoinmunidad como discapacidad y protección laboral
En varios países, las enfermedades autoinmunes están reconocidas dentro de los esquemas de discapacidad, con mecanismos de apoyo y beneficios concretos:
Estados Unidos: La Americans with Disabilities Act (ADA) protege a empleados con condiciones crónicas, incluyendo trastornos autoinmunes, y exige a las empresas ofrecer ajustes razonables.
Reino Unido: La Equality Act 2010 reconoce las enfermedades crónicas como discapacidad si afectan de forma prolongada la vida laboral.
España: El lupus y otras autoinmunes pueden ser reconocidas como discapacidad a partir de un 33 % de limitación funcional (Real Decreto 1971/1999). Las empresas que contratan personas con discapacidad reciben bonificaciones e incentivos fiscales, y existen fundaciones especializadas que promueven la inclusión y asesoran a los pacientes.
Organismos como el Job Accommodation Network (EE. UU.) y fundaciones europeas recomiendan medidas como teletrabajo, pausas programadas y adaptaciones ergonómicas, demostrando que la flexibilidad laboral no sólo es posible, sino productiva.
Más allá de la ley: cuando la salud se vuelve un secreto de oficina

Aunque las normas suenan esperanzadoras, la realidad es otra.
Muchas personas con enfermedades autoinmunes ocultan su diagnóstico por miedo a perder su empleo.
“El miedo a ser despedido pesa más que el dolor.”
Pacientes con lupus, artritis o esclerosis múltiple trabajan con fiebre, inflamaciones o fatiga extrema. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2022), el 60 % de las personas con enfermedades crónicas en América Latina ha sufrido discriminación laboral, y el 70 % evita revelar su condición por temor a no ser contratadas.
El problema es estructural: si no hay trabajo, no hay tratamiento. Y sin tratamiento, no hay bienestar.
Los pacientes autoinmunes no buscan privilegios, sino comprensión, flexibilidad y oportunidades reales. La autoinmunidad no es pereza ni debilidad; es un sistema confundido, no una persona rendida.
Conclusión: inclusión real, más allá del papel
Las enfermedades autoinmunes son complejas, pero no deberían condenar a la exclusión. La ciencia y la ley ya avanzaron; ahora falta el paso más importante: la sensibilidad humana.
Un entorno laboral inclusivo no se mide por decretos, sino por la capacidad de mirar al otro con empatía y respeto.
Porque, al final, la autoinmunidad no define a la persona; la define su valentía para seguir adelante a pesar de ella.
“Las grandes batallas son para las almas más valientes.”
Andrea Margarita Vega M.
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